Así lo decidió el árbitro del partido en la antesala de un encuentro que prometía buen rugby.
La televisación mostró a los jugadores franceses muy distendidos, desfilando por la manga que los depositaba dentro del campo de juego. Algunos saludando a familiares, otros haciendo bromas entre ellos, lo cierto es que del lado irlandés, no había absolutamente nadie dando la pauta de que el cotejo no se realizaría.
La decisión fue acertada y extraña. Acertada por el simple hecho de preservar a los jugadores, extraña porque en el rugby no suelen suspenderse partidos por inconvenientes climáticos. Hay que destacar y aclarar que el continente europeo está sufriendo uno de los peores inviernos, con temperaturas bajo cero, viento y nevadas. Si bien en Roma jugaron la Azzurra frente a Inglaterra con nieve, las autoridades francesas determinaron la suspensión al ver en el campo algunas piezas de hielo, peligrosas para la integridad de los jugadores.
En lo que concierne a la realidad de ambos planteles, en Francia –luego de vencer a Italia- volvía a la base del scrum el “vasco” Harinordoquy por Julien Bonnaire y Morgan Parrá por Dimitri Yachvili, lesionado.
Del lado Irish y tras un duro traspié ante Gales, como local, Keith Earls reemplazaba a McFadden en un lugar que para ambos es “rentado” ante la ausencia de Brian O’Driscoll, con la número 13.
Este 11 de febrero será recordado seguramente por ser el partido que no fue, donde el protagonista de la película fue el hielo. Las hipótesis que se barajaron establecen que el encuentro se realizará la semana próxima, momento donde el Seis Naciones toma descanso.
Por Juan Ignacio Caballero.




