La noticia surgió de pronto en esa locura de resultados y datos que nos surgen cada fin de semana a Ciccodicola y a mi en la redacción del Diario La Nación.
La frase de un entrenador de San Andrés que nos decía “andá a ver a un chico de la menores de 17 años de nuestro club que juega en una pierna y que es un ejemplo para todos”. El comentario caló hondo en nosotros que al instante trasladamos la propuesta a nuestros jefes, que en disparidad de criterios apoyaban o no la entrevista. Claro está que era difícil el tema, ya que era domingo, la fecha se había jugado y al día siguiente era feriado; así que las probabilidades de verlo en acción a Nico eran mínimas y además había que contacatarnos con los padres para poder tener acceso a él -era menor de 17 años-.
Sin embargo todo fue tan rápido que las cosas se dieron casi sin darnos cuenta: el llamado a Papá Daniel para arreglar la visita en la casa; la predisposición del club Pueyrredón -por medio de su presidente- para abrirnos las puertas del club un día feriado y poder hacer la producción, y la notable solidaridad de todos sus compañeros para asistir como si fuera un partido y hacer una práctica para cerrar lo que sería una nota que nos marcaría para siempre: a nosotros, a Nicolás y a toda su familia.
Llegamos al vestuario y saludamos a todo el plantel, incluído a Nico: la curiosidad nos llevaba a mirarlo, para ver como jugaba a pesar de su discapacidad de nacimiento -un malformación de chico que no le permitió el desarrollo de una pierna, pero que no le impidió desarrollarse como jugador y persona-; terminaron de vestirse con las camisetas de San Andrés para ir camino a la cancha: Nico se sacó la pierna ortopédica, la dejó en el vestuario y con una fuerza increíble se fue saltando en una pierna hasta la cancha de Puey: saltó el alambrado -tan alto para nosotros que nos quedamos mirándonos- y se puso a jugar como uno más dentro de la cancha.
La producción fotográfica fue espectacular -recuerdo que nos mostraban por primera vez las tomas en el momento, ya que eran las primeras cámaras digitales-, la nota también y la repercusión tal que con el tiempo llegó a Susana Giménez, noticieros y programas varios.
Pero más allá de ello, nosotros habíamos descubierto a un chico genial, que era actor principal en Hamlet, la obra que en inglés protagonizaba en el colegio escocés, que tocaba el clarinete en la banda de colegio, y que contaba con una familia espectacular, liderada por Papá Daniel -profe del club y con los años entrenador de primera- Mamá y si mal no recuerdo dos hermanos.
El tiempo nos perdió de vista, pero las veces que nos cruzábamos en diálogo con su papá los saludos afectuosos iban y venían con el mismo sentimiento: un día Daniel nos contó la noticia de que Nico se iba a Europa a hacer experiencia y no poco tiempo después nos llegaba la increíble noticia de que colaboraba en el mundial de Francia: la frutilla del postre llegó cuando la IRB lo premió por su esfuerzo y dedicación.
El último miércoles llegó una nueva y merecida premiación: la de la URBA, que le dio un Cap Honorífico por su tarea y por lo que construyó a pesar de las adversidades que tuvo en su vida. Para nosotros también representó una gran emoción, porque en el fondo también nos sentimos partícipes de sus logros y porque además somos padres y nos imaginamos lo que deben sentir ellos por su hijo.
Felicidades Nico: lograste seguramente más de los que hubieras imaginado, pero demostraste que nada es imposible y que todo depende de la voluntad: la tuya inquebrantable -seguramente no habrá encontrado su techo todavía- y que además nos enseñó que no existen los imposibles.
Hernando “Nacho” De Cillia