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Veco Villegas, un maestro de nuestro deporte

Veco Villegas, un maestro de nuestro deporte

Uno de los certámenes más tradicionales del rugby juvenil de nuestro país se realiza en Tucumán desde hace 32 temporadas y rinde tributo a Carlos Alfredo «Veco» Villegas, hombre reconocido como uno de los grandes maestros que tuvo el rugby en nuestro país.

Este torneo comenzó en 1987, en coincidencia con el primer Mundial en Nueva Zelanda, bajo el nombre de “Nacional de Clubes Campeones Juveniles”. Al año siguiente se cambió a “Veco Villegas”, en homenaje al amigo y socio honorario de Tucumán RC –el club organizador-, quien había fallecido en junio de ese año, junto a su esposa Mimicha, en un accidente aéreo.

La primera final del torneo ideado por Pablo Acuña, Alejandro Le Fort y Rodolfo Paz,  junto con el apoyo incondicional de Julio Paz, se jugó en el estadio de Atlético Tucumán. Alumni fue el primer campeón al derrotar a Tucumán RC por 16 a 9.

“Esa primera prueba fue un éxito total”, cuenta Pablo Acuña, uno de los creadores de esta competencia y actual miembro del Consejo Directivo de la Unión Argentina de Rugby. “Quedó en todos la sensación de que estábamos ante un campeonato muy importante, para el cual se trabajó mucho desde sus raíces y en el que también se disfrutó enormemente del mejor rugby juvenil del país. Fue esa misma impresión y conformismo la que vimos en las diferentes delegaciones que llegaron para jugar”.

“A partir de allí se trazó el camino con el gran desafío que significó que todos los años para Tucumán RC embarcarse en esta empresa que era organizar este torneo, y que el club con mucha jerarquía y labor, fue capaz de mantenerlo durante todos estos años hasta hoy, pero con el nombre de Veco Villegas”.

Veco fue un protagonista entrañable de nuestro rugby.  Pasional, innovador, revolucionario y gran defensor del compañerismo, la ética deportiva y los valores del rugby. Incomparable.

Discípulo de otro enorme formador de nuestro rugby como “Catamarca” Ocampo, Villegas se formó en el club Liceo Militar donde fue jugador y entrenador, alcanzando el ascenso a Primera División en  1967. Luego, se mudó al San Isidro Club y allí marcaría a fuego una época, al igual que lo haría con Los Pumas.

Al frente del San Isidro Club cosechó 13 títulos del campeonato de Buenos Aires, en una de las etapas más fructíferas de la institución que lideraba al rugby nacional en esos años.

Junto a Emilio Perasso comandó al Seleccionado Nacional que tuvo grandes actuaciones ante las potencias de aquel momento, como cuando Los Pumas cayeron con un penal sobre la hora ante el Gales de Gareth Edwards y Phil Bennett.

Otro de los grandes logros y reconocimientos que tuvo Veco, fue el de ser el único disertante de habla hispana en un Congreso Mundial por el Centenario de la Welsh Rugby Union que se desarrolló en Cardiff, en 1980.

La solidaridad de Veco no tenía límites. Sin distinción de nombres o camisetas, colaboró con todo equipo, club, seleccionado o unión provincial que necesitó de su ayuda.

Sin dudas, a Veco se lo recuerda por muchas cosas, no solo por el rugby sino por sus frases características, una fuente de enseñanza constante: “El rugby educa porque en un mundo materialista es muy difícil desenvolverse sin tener que caer en ventajas personales, permanentemente se está marcando al jugador y se le demuestra que por bueno y brillante que sea, no podrá hacer nada sin la ayuda de su equipo. Se le enseña que en el rugby vale más la persona que el jugador”.

Santiago, Francisco y Joaquín, los tres hijos varones de Veco, participaron del torneo en diferentes ocasiones, vistiendo la camiseta del San Isidro Club.




Fuente: Gentileza Prensa UAR.