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LA FAMILIA BARDERI, UNA EMOCIÓN ÚNICA, Y UN PARTIDO QUE QUEDARÁ EN EL RECUERDO PARA PROPIOS Y EXTRAÑOS

LA FAMILIA BARDERI, UNA EMOCIÓN ÚNICA, Y UN PARTIDO QUE QUEDARÁ EN EL RECUERDO PARA PROPIOS Y EXTRAÑOS

El último sábado se jugaron innumerables partidos amistosos entre muchos de los clubes que se están preparando para el inicio de los torneos porteños. Rugby Champagne - como se pudo apreciar en nuestro sitio - realizó una cobertura exhaustiva, dejó como siempre los resultados y además sumó los comentarios y pormenores de los partidos jugados, con la habitual respuesta del público que se acercó como cada sábado y domingo a visitar nuestro sitio y la app (rchtorneos) para enterarse. lo que en ningún otro medio puede encontrar

UN HECHO INUSUAL QUE OCURRIÓ EN VILLA CELINA  

Los planteles de San Cirano y del Club Italiano se midieron en todas sus categorías en  Villa Celina en uno de los tantos amistosos. Allí ocurrió un hecho que pocos pudieron registrar y que no se ha dado muchas veces en la historia del rugby porteño. 


En la Pre-Intermedia “A” del Club Italiano integraron la primera línea “Los Barderi”. 


Dos apellidos iguales dirán muchos de nuestros habituales lectores. Sí claro; pero lejos de lo que se podrá suponer, no se trató de dos hermanos o primos con el mismo apellido; sino del padre y su hijo. Sí, Rodrigo con sus 52 años formó en la primera línea del Tano junto con Valentín, su hijo de 19. 


UN VERDADERO APASIONADO QUE TRANSMITE RUGBY Y PASÍÓN A TRAVÉS DEL TIEMPO

Rodrigo es más conocido en nuestro medio como “El Gaucho” es una persona que vive el rugby con una intensidad absoluta, un apasionado, el mismo que deja todo por su querido Club Italiano. 

Es un referente indiscutido del rugby de su club y además y como no podía ser de otra manera es el capitán del equipo de veteranos, “la querida Cosa Nostra”. 


Un tipo muy respetado y querido por los de su club, pero también por cada rival que comparte y compartió una cancha con él. Un apasionado que sigue con la misma pasión de siempre “despuntando el vicio” y marcándole el camino a su propio hijo y a tantos otros en esa primera línea del Tano. 


UN POCO DE SU INTERMINABLE HISTORIA

Rodrigo, se inició allá por 1986 jugando en la quinta división (lo que hoy sería la M15) y llegó a la superior en 1992. En la temporada 2001 con su Club Italiano se consagró campeón y consiguió el ascenso de categoría. 

Alguien diría… un lindo motivo para retirarse por la puerta grande y dejar de jugar en su club luego de 10 años ininterrumpidos en el primer equipo. 

Pero, no…desde entonces jamás se alejó de la pelota ovalada: siguió jugando en veteranos, entrenó en distintas categorías y colaboró en todo lo que hizo falta con su segunda casa. 


Porque queda claro que para algunos el rugby es un deporte y para otros, una forma de vida.


UN TROPEZÓN NO ES CAÍDA, Y LA RESILIENCIA DE QUERER VOLVER

Pasó el tiempo y un problema renal lo tuvo a maltraer, haciendo dudar de su continuidad deportiva. Para colmo de males, luego superada esa cuestión, su cadera maltrecha le dijo basta, hasta acá llegué…Ahí fue cuando Rodrigo debió someterse a una compleja cirugía de reemplazo de cadera, ya hace cuatro años. 

Su única preocupación en ese momento era si volvería a poder caminar bien. Paso a paso el Gaucho fue superando etapas, pasó el tiempo y con mucho esfuerzo llegó la hora de la rehabilitación. 

Queda claro que no es lo mismo hacerla a los 20 o 30, que casi a los 50 pensaron todos en el club y en su familia. 

Pero si algo lo caracteriza al “Gaucho” es su obstinación y determinación; entonces se puso entre ceja y ceja volver a pisar la cancha del Club Italiano, desde adentro. Mientras tanto acompañó más de una vez al Bajo Flores a sus hijos mientras pensaba en ponerse los cortos y soñaba con calzarse aunque sea una vez más la camiseta roja del Tano, para estar otra vez en su mundo, pisando el verde césped, y defendiendo los colores de querido Club Italiano. 

Una vez más ganó la batalla y salió adelante.


AÚN FALTABA ALGO: EL SUEÑO DORADO 

Logros y más logros, superación constante y querer más Y entonces ¿qué le quedaba a Rodrigo por hacer?. 

Con la llegada de la temporada 2026 se le ocurrió un nuevo desafío. Su hijo Valentín, de 19 años. Pasaba a jugar en el plantel superior y desde hacía algún tiempo “eso” le daba vuelta en su cabeza: “que lindo seria jugar los dos juntos”. 

Dos generaciones y un mismo apellido integrando el equipo amado.

El sueño parecía difícil, treinta años de diferencia entre su pibe los compañeros y el Gaucho; pero por supuesto para él nada era imposible. Era un sueño por el que había que trabajar mucho para que se hiciera realidad. 

Y fiel a su estilo se decidió a intentarlo. 


Le metió a la pretemporada como un pibe de 20, dejando todo, en cada entrenamiento, sin retacear en lo más mínimo y rompiéndose el lomo a la par de los más jóvenes que lo veían entrenar y lo tomaron como un verdadero ejemplo. 


Claramente los 30 años de diferencia se notan y mucho. Pero nada se podía interponer entre él y su gran sueño dorado de jugar junto a su hijo y formar esa primera línea del Tano. 


UNA PIEDRA MÁS A SUPERAR EN LA ÚLTIMA PARTE DEL CAMINO

Todo parecía ir bien, hasta que en uno de los entrenamientos su hijo Valentín sufrió un golpe en el hombro y se quedó afuera del primer amistoso. El destino volvía a ponerle una piedra más, una pausa que por suerte no fue nada grave y la recuperación de Valentín fue rápida.


LA ESPERA DE UN SUEÑO QUE CON PASIÓN SE TRANSFORMÓ EN REALIDAD 

Finalmente, el fin de semana pasado, el sueño dejó de serlo y pasó a convertirse en una realidad. 

Emocionados en la primera línea de la Pre Intermedia A del Club Italiano formaron juntos padre e hijo, “El Gaucho y Valentín”  con Luca Ferraris, de 19 años. como el hooker que completó la primera y también quedará en la historia.


Hay partidos que no se juegan contra un rival. Se juegan contra el tiempo y contra los límites que se impone cada persona. Con la certeza de que el esfuerzo, cuando es auténtico, siempre encuentra esta recompensa soñada.


El resultado por supuesto es anecdótico, nadie sabrá cuál fue (sin árbitro oficial) el score del final en aquel partido, que si bien fue muy favorable a San Cirano (7 a 1 en tries) tuvo nada menos que al “Gaucho Rodrigo” apoyando el único try de su equipo. 

¿Parece Increible?, ¿Por qué el Gaucho apoyó ese único try? 

Y si…el destino le premió por su resiliencia, y le volvió a guiñar su ojo otra vez para que no pare nunca.

La emoción del festejo del final junto a su hijo y los compañeros de equipo quedarán por siempre grabados a fuego para la familia Barderi, para todo el club Italiano y también para sus ocasionales rivales de San Cirano.

Simplemente porque dejaron marcado ese espejo a mirarse para siempre, en un tipo que tiene, tuvo y tendrá un amor incondicional por la camiseta del Tano, y de su querido deporte que queda claro lo recordarán por siempre.


Gracias Gaucho, por ese verdadero amor por tu club y el rugby.

Y a seguir jugando!





Fotógrafo: Facebook Rodrigo Barderi

Fuente: Federico Lemos

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